un ojo en el cielo

Así no da ganas de comprar

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El lanzamiento en e-book de la última novela de Auster, que el próximo 3 de febrero cumplirá 65 años, es considerado “un experimento” que busca comprobar “si la gente está dispuesta a pagar por unos contenidos, cuando les das todo tipo de facilidades”. “En España hay más readers que e-books vendidos, lo que indica un alto índice de piratería”, alerta la responsable del departamento de derechos autor de Anagrama.

Así termina la nota en la que Página|12 anuncia el próximo lanzamiento de una novela de Paul Auster que será la primera del autor que se venderá en formato digital antes que en papel.

Además, para demostrar las capacidades de las nuevas tecnologías, Anagrama planeó el lanzamiento con «geoblocking» lo que les permite vender la novela solo en España y no en el resto del mundo hasta que ellos decidan.

Cualquier otro fan de Paul Auster que quiera leer la novela que ya está disponible en su idioma y que por la facilidades del formato digital podría estar disfrutándola desde un primer momento, deberá esperar la decisión magnánima de la editorial que, eso si, declara que nos está brindando todas las facilidades.

Esta nota apareció el miércoles 18 de enero, justo cuando estaba planeando describir las penurias que tiene que sobrellevar el usuario de un lector digital de libros electrónicos a la hora de querer comprar un libro y que el gran mérito de los servicios que los distribuyen gratuitamente, es que brindan mejor servicio.

Soy un ávido lector y comprador de libros desde chico. Cuando vivía en Vicente López y viajaba a la avenida Corrientes, pasaba horas rebuscando en las librerías por los ejemplares que quería. Sigo comprando libros en papel y decidí comprarme un eReader no porque me permitiría conseguir libros «gratis», si no por comodidad e independencia. Una comodidad que no me brinda ninguno de las librerías virtuales. Mucho menos independencia.

Modelos de negocio

Primero compré un Kobo porque era el más barato en ese momento y el único que se podía conseguir en Canadá que leyera el formato estándar epub. Epub es un formato de textos electrónicos basado en HTML y CSS (las tecnologías de la Web), libre. El Kindle de Amazon, por ejemplo, no permite este formato y usa el suyo propio, lo que ya me impedía moralmente comprarlo.

Después conseguí el Nook de Barnes&Noble famosa librería de Estados Unidos. Barnes&Noble no vende fuera de Estados Unidos, así que ahí me resulta imposible comprar libros por más que quiera. Hace un tiempo compré uno en Amazon y tuve que hacer malabarismos para poder convertirlo a un formato que leyera el Nook. Los principales vendedores de libros y lectores de libros electrónicos quieren esclavizarnos a sus plataformas.

Por eso cuando decidí que iba a comprar The Craftsman de Richard Sennett, aprovechando que Kobo permitía comprar con Paypal y supuestamente tenía una política más abierta con respecto a los libros que vendía, lo compré ahí. Obviamente esa parte funcionó perfecto.

Los problemas empezaron después.

Para descargarlo necesitaba sí o sí el Adobe Digital Editions, porque el libro incluía un DRM de esta compañía. DRM es una tecnología que le permite al creador del libro (en este caso la editorial, no el autor) impedir que el usuario haga libre uso del mismo. Por ejemplo, una de las características del DRM de Adobe es que se puede usar solo en 6 dispositivos diferentes.

Descontando que la computadora donde lo descargué es considerado el primer dispositivo y el lector de libros electrónicos el segundo, ya había agotado un tercio de mis posibilidades. No hace falta tener mucha imaginación para entender que en pocos años habré agotado la capacidad de usar ese libro.

No está de más aclarar que obviamente Adobe Digital Editions no tiene una versión en el sistema operativo GNU/Linux que utilizo, lo cual me obligaba a conseguir un windows para poder descargar mi libro y descifrarlo para poder leerlo. Y seguir teniéndolo a mano para cuando consiguiera un nuevo dispositivo donde querer leerlo.

Teniendo en cuenta que es un libro sobre sociología que tiene muchas posibilidades que lo necesite más de una vez, la cuenta ya no me cerraba. Y todo esto sin pensar que quisiera prestárselo a un amigo.

Quien lo consigue en la nube, tiene muchas más ventajas que quien lo pagó. Y no es que el precio de los libros digitales sea mucho más barato. Como las editoriales tienen «miedo» a la piratería hacen lo posible por dificultar la propagación del libro digital.

Las editoriales consideran al comprador un posible enemigo, alguien que hará lo imposible porque nadie más compre el libro y lo obtenga gratis. Y su actitud no hace más que generar ese comportamiento.

Mientras ellos crean cada vez más dificultades en el camino del comprador, más fácil se hace conseguirlo gratis. Desde precios exorbitantes para ediciones que cada vez tienen menos gastos (una vez pagado al autor, editor y traductor si es necesario, ya no se gasta en papel ni en distribución) hasta coartar las libertades del comprador, todas son ventajas para las ediciones digitales gratuitas y libres de DRM.

Por lo pronto, el «geoblocking» que promocionaba la representante de Anagrama como una ventaja comercial para ellos que impediría que nadie fuera de España comprara el libro por un tiempo, no funciona. Hoy lo compré desde mi silla en pleno centro de Buenos Aires, en una librería virtual argentina. Una cita más de la nota, de la periodista Silvina Friera:

¿Quién dijo que en el mundo virtual no hay fronteras para el comercio global? Los románticos de las nuevas tecnologías, como los trogloditas del papel, suelen caer en la trampa de la ingenuidad.

La ingenuidad de la industria que sigue pensando cómo combatir algo que los superó en lugar de pensar cómo cambiar su modelo de negocio para hacer frente a los nuevos tiempos.

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Un Comentario

  1. El DRM o la obligatoriedad de usar “X” programa es justamente la causa por la que no compro libros electrónicos, y termino descargándolos en internet, leyéndolos desde programas que consumen muchos menos recursos y son más cómodos que cualquier Adobe o similar.

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