un ojo en el cielo

Estándares abiertos

Nuevamente un poco de historia. El lenguaje HTML fue creado por Tim Bernes-Lee y vio su primera aparición pública en 1991. Este lenguaje es el que hace posible que nosotros veamos los sitios que visitamos. Desde esa primera aparición hasta nuestros días, el lenguaje ha crecido enormemente, va por la cuarta versión de su especificación y ya se está preparando la quinta. Con la aparición del lenguaje e Internet, se hizo necesaria la aparición del programa que pudiera inerpretar ese lenguaje y mostrarlo para que sea legible por el usuario: los navegadores.

En el principio de los tiempos, y buscando dominar este terreno, cada empresa que desarrollaba su navegador, agregaba al lenguaje HTML sus propias etiquetas para inventar funcionalidades. Estas etiquetas no eran compartidas o tomadas por los otros programas, lo que transformó al lenguaje HTML en una ensalada y que nos fuéramos acostumbrando a que los sitios web tuvieran un cartel que expresara algo similar a: «Este sitio se ve mejor con el navegador X».

A raíz de este problema, apareció la World Wide Web Consortium para establecer estándares que debían seguir los navegadores, y hacer que el diseño de páginas sea más fácil y respete las diferencias entre las personas (principalmente de las personas con discapacidades físicas). Estos estándares no son obligatorios, pero si recomendables. Sin embargo, el navegador web más usado en este momento no los respeta, ya que basa su poderío en las prácticas monopólicas de Microsoft. Recién cuando Mozilla Firefox comenzó a restarle una importante cuota de mercado, Microsoft reabrió su área de diseño de navegadores y lanzó una nueva versión que respetaba un poco más estas recomendaciones, y prometió que la próxima versión del Internet Explorer incluirá muchas mejoras en este aspecto.

La existencia de los estándares, y que los navegadores los respeten, facilitan que quienes producen el contenido en Internet no deban preocuparse por qué navegador utilizan sus usuarios y, al mismo tiempo, nosotros como usuarios tendremos la libertad de elegir el navegador que mejor se adapte a nuestras necesidades. Por ejemplo, muchos bancos en la argentina siguen impidiendo que sus clientes operen con otros navegadores que no sean el Internet Explorer, coartando su libertad. Por lo tanto, la lucha por los estándares abiertos no es solamente para facilitarle la vida a los diseñadores, lo que no estaría mal, si no para respetar nuestra libertad de usar el programa que querramos para acceder.