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Qué dice Efesios 4 16

16 de los que, todo el cuerpo, bien configurado y unido entre sí por todas y cada una de las articulaciones que lo afirman, según la función de cada integrante, medra, edificándose en el cariño.

Quizás varios de los que llegan a esta página se estén mejorando para descender a las aguas bautismales, y posiblemente otros muchos ahora hayan descendido a las aguas. Pero abordemos aquí el día de hoy ¿qué es el bautismo en agua?

Exactamente el mismo Señor Jesucristo fue bautizado en agua, transformándose en un caso de muestra para todos y cada uno de los que nos encontramos prestos a continuar sus llagas. El bautismo es símbolo de conversión para el católico, o sea, el católico que se bautiza está ratificando públicamente la vida novedosa en Cristo Jesús bautizado

Exhortación a la unidad y sus fundamentos (Ef 4, 1-

En estos primeros versículos, la carta, recogiendo expresiones y también ideas de otros escritos paulinos (1 Cor 12; Rom 12; Col 2-3), introduce toda la parte exhortatoria, insistiendo en la unidad de los fieles, recibida como felicidad ( Ef 4,1-3), y presentando una secuencia de causas por las que hay que vivir y sostener la unidad (Ef 4,4-6). fueron llamados», v. 1) relata los medios específicos para vivir la llamada (vv. 2 -3): humildad, amabilidad, entendimiento, enfrentar con amor, sostener la unidad con el vínculo de la paz. La unidad es precisamente un don recibido en la Cruz, pero asimismo es un sendero a continuar en la vida diaria: fue recibida y, al tiempo, ha de ser mantenida y cuidada, siendo agentes de paz y reconciliación.

Los vv. 4-6, ahora en otro tono, se conforman de tres series de aclamaciones, en las que hay una progresión. La primera expresa que la vocación es una llamada a vivir en un solo cuerpo (la Iglesia), animado por un solo Espíritu (beato) y que espera solo una gloria (v. 4). La segunda charla del único Señor que la formó, de la única fe en él y del único bautismo (v. 5). El tercero, del único Dios y Padre de todos y cada uno de los seres conformados, «que está sobre todos, obra por todos y está en todos» (v. 6). La lógica de la progresión es esta: es desde la vida del cuerpo eclesial y viviendo su fe en Cristo Señor que la Iglesia puede confesar a Dios como Padre de todos y que obra en todos. O dicho de otra forma: es por el hecho de que la Iglesia vive, como humanidad novedosa, lo que es, merced a lo que puede entender mejor y decir de qué manera Dios es constructor.

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