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Cómo saber si el alma está rota

Se siente confundida, atemorizada y también impotente, pero aún de esta forma, de una manera u otra, empieza a soportar y sublevarse lo destacado que puede. No deseas proseguir viviendo de este modo, pero no tienes idea de qué manera salir de esta situación, que es muy agotador.

Lo que ocurre con un alma rota es que no puedes decir que está rota con solo ver a quien la tiene. No una muchacha con el alma rota puede ver esto, pero puede sentir el mal de cada parte rota.

Las ánimas no se rompen tan de forma fácil. Necesita tiempo. Una vida dura combinada con un amor no correspondido logró pequeñas fisuras. Uno tras el otro. Hasta el momento en que todo se desmoronó, estrellándose en ella, en un millón de pequeños trozos, como un espéculo roto.

El acercamiento

Absolutamente nadie se regresa un alma perdida, o «pierde el alma», pues sí. Pasa en la vida que para reconocernos requerimos en un inicio que alguien nos reconozca. Dinos «andas ahí», «andas». Es lo que en condiciones normales nuestra madre, o cualquier otra persona, hace a lo largo de la niñez.

La cuestión es que esto no en todos los casos pasa. En ocasiones esa madre no está, o no está, o se niega a reconocernos pues algo la detiene. Pasa asimismo que a lo largo de la niñez se viven vivencias confusas y dolorosas y, entonces, las situaciones son tan invasivas que no dejan espacio para este autorreconocimiento.

Localizar la paz bajo el agobio de las diálogos bien difíciles a medio tiempo

Últimamente, una muchacha se aproximó a mí con profunda tristeza. Me mencionó que le dolía el corazón por ella y por nuestro planeta. Reconoció que, por su edad, no tenía experiencia anterior que la ayudara a comprender las profundas divisiones que encaramos como sociedad el día de hoy.

La escuché contar de qué manera, a los pocos días, se halló con una charla intensa con un compañero de trabajo, otra con el vecino y otra con un familiar. Lamentó que no había un tema «seguro» a fin de que la multitud hablara.

El intento de tener poder sobre el otro

El maltratador ejercita ese poder que le fue arrebatado en la niñez. No desea salir lastimado, no desea sentirse enclenque. De ahí que, hiere al que mucho más desea, pero más que nada al mucho más vulnerable.

En cambio, la víctima trata de agradar a la otra persona a fin de que la admita y le ofrezca expresiones cariñosas. Siente que debe realizar todo bien y no fallar. De no ser de esta manera, considere lógico y aceptable recibir una recriminación por este motivo.

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