Se estima que fueron los marineros, ávidos de compañía femenina en sus largas travesías, quienes hicieron el mito de las sirenas al confundir a estos curiosos animales con mujeres marinas.
El día de hoy deseamos contaros algo que en algún instante fue el boca a boca. Marineros, mayores, mamás, progenitores, pequeños y hasta individuos científicos, todos nos asombramos en el momento en que oímos leyendas sobre… LAS SIRENAS. Estas mujeres, mitad pájaro, mitad mujer, genios nacidos de la mitología griega. Según la historia de historia legendaria, la diosa Perséfone tenía a estas tres mujeres para cuidarla. Lydia tocaba la flauta, Parthenope la lira y Leucosia, leían y cantaban versos. Un día esta diosa fue raptada por Hades y llevada a la isla de Artemisa con las sirenas, quienes no hicieron nada por socorrer a su dueña. Como la diosa se encontraba enojada, los transformó en mitad mujer y mitad pez, impidiéndoles volar. Las sirenas con sus dulces cantos, en los oídos de los marineros eran dulces doncellas, cedieron a sus cantos y próximamente descubrieron su auténtica naturaleza. Varios fueron los huesos de los marineros que se acostaron en esta isla, atraídos por estas «hadas del mar», muchos que Ulises, un hombre de enorme imaginación, en el momento en que se aproximó a la isla con su barco, forzó a sus marineros a taparse los ojos. . oídos con cera Un día, no logrando aguantar la curiosidad de escucharlos, se realizó amarrar al mástil del navío, con órdenes de que pasara lo que pasara no sería liberado. En el momento en que estas canciones de mujeres han comenzado a sonar, deseó dejarlo ir, pero sus compañeros no se lo dejaron. Entonces las sirenas, confundidas por su fracaso, brincaron al mar y allí fallecieron agobiadas. En el transcurso de un tiempo, las leyendas sobre las sirenas han quedado en el olvido, pero con el hallazgo de América y los largos viajes por el océano, las leyendas sobre estas mujeres mitad pez han comenzado nuevamente. Hay situaciones reales que los describen, dando origen a la fábula. Distintos escritos y pinturas detallan que en el momento en que Colón llegó a América, tres sirenas le brindaron la bienvenida, pero lejos de la mitología griega, estas mujeres eran suecas y poquísimo interesantes. Él ha dicho: «Semeja que estas sirenas ansían Grecia».
La primera sirena: Atargatis, diosa asiria de la fertilidad
Entre las leyendas mucho más viejas, si no la primera, sobre el origen de las sirenas es la trágica historia de la diosa Siria Atargatis, famosa después por los viejos helenos con el nombre menos sonoro de Derceto y llamada «la enorme dama de las tierras del norte de Siria».
Hay múltiples ediciones de lo que le pasó y de de qué forma, siendo una diosa con forma humana, terminó como imaginamos que sería una sirena, con medio cuerpo de mujer, torso, cabeza y brazos; y medio con apariencia de cola de pez.
¿Qué representa el canto de sirena en la mitología vieja?
Después, las sirenas llegaron a ser consideradas deidades del mucho más allí, y se suponía que debían cantar a los benditos en las Islas Agraciadas. De esta forma llegaron a representar las armonías divinos, y de esta forma las dibujan en ataúdes y sarcófagos.
¿Por qué razón se los conoce como sirenas?
Mucho más medites sobre Ulises y las sirenas
- La metáfora de las sirenas: En esta aventura de Ulises y las sirenas, estos seres mitológicos son asimismo metáfora del deseo que obscurece la razón y se hace con nuestros sentidos. Las conmuevas, en el momento en que se apoderan de nuestro cuerpo, acorralan la razón y la prudencia, y nos conducen a un riesgo inminente ahora un espacio del que es realmente difícil salir. Esta historia, por consiguiente, nos alarma sobre la necesidad de sostener siempre y en todo momento sana la razón y la prudencia.
- Agradecimiento a sus hombres: En esta historia de Ulises y las sirenas, hubo un aspecto fundamental que asistió a Ulises a sortear el riesgo de aquella enigmática isla de las sirenas. Sus hombres obedecieron sus órdenes y no cedieron a la curiosidad. Merced a esto, todos lograron seguir su viaje. Si alguno de ellos hubiese desacatado, si se hubiesen sacado la cera de los oídos, habrían oído los chillidos de Ulises, lo habrían dejado ir y todos habrían caído en la trampa de las sirenas.
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