Mandinga es el nombre que representa al demonio en varias zonas de América del Sur, presentándose como un humano habitual, con el objetivo de enseñar una fachada mucho más accesible.
El privilegio y el racismo son temas relevantes en el poema “El gaucho Martín Fierro” de José Hernández. Fierro es criollo, con lo que está en la cima de la jerarquía popular. Su conjunto es el que tiene mucho más poder de todos, y prosigue las reglas de la multitud de su clase popular: «Pero donde va otro criollo / Debe ir Martín Fierro… y como todos cantan / yo asimismo deseo cantar» (25 – 26, 29-30). Esta cita exhibe el poder de las reglas sociales y las formas en que la gente capaces tienen la posibilidad de sostener su poder. Fierro prosigue el ejemplo de otros criollos, con lo que lleva a cabo muchas opiniones prejuiciosas. Además de esto, Fierro se cree insuperable. No tuvo muchas riñas en su historia pues es muy favorecido. Afirma: “Soy gaucho/ y comprendo/ como lo enseña mi lengua,/ para mí la tierra es pequeña/ y podría ser mucho más grande/ ni me muerde la culebra/ ni me quema la frente el sol” (79-84). ). Fierro expresa que puede realizar lo que desee sin consecuencia. Una serpiente no te morderá y el sol no te quemará. Revela que puede llevar a cabo lo que desee por el hecho de que tiene bastantes permisos. No debe preocuparse por ser discriminado y puede vivir su historia sin meditar en otra gente pues tiene la posibilidad de tener lo que desee.
Fierro es ciego en varios sentidos por su privilegio. Tiene opiniones racistas por el hecho de que piensa que su raza es preferible que la otra: «Dios logró los blancos / San Pedro logró los mulatos / el demonio logró los negros / para las plagas del infierno» (1173-1176). Él piensa que los blancos son mejores que todas las otras personas gracias a su raza. Jamás ha interactuado con personas de otras etnias y sencillamente prosigue las opiniones de otros criollos. No obstante, Fierro aprende una lección sobre la igualdad hacia el desenlace del poema. Revela que todos son iguales y es un fallo opinar que una raza es mayor que otra: «Dios logró blanco y negro / sin declarar lo destacado… y absolutamente nadie le quita la popularidad / lo que recibió al nacer» (versos 1067 y 1068). Tras charlar con el hermano de un hombre que Fierro asesinó, Fierro se percata de que todos son iguales. Quizás este hallazgo lo asista a admitir su privilegio como hombre criollo.