Consejos de Martín Fierro a sus hijos Las faltas no tienen límites. Como tienen la tierra, para el que es su amigo, jamás lo defraudéis; Ni temor ni avaricia. Es positivo que te birlen, es bueno hasta entre pampas. Uno que respeta a la multitud; Trabajar es ley, pues hay que rentar;
Nuestro Martín Fierro todavía es, indudablemente, la obra mucho más representativa de la literatura argentina, como lo es Don Quijote de la Mácula de la literatura de españa y de la Biblia, de todo el occidente católico. Este libro, que se compone de 2 partes, El gaúcho Martín Fierro y La Vuelta de Martín Fierro, publicados con siete años de diferencia, pese a tener continuidad en la trama, muestra visibles diferencias en su estética y contenido. La sección primera está llena de referencias temporales que, sin que el creador entre en datos geográficos, describen la vida rural diaria, las prácticas y hasta el lenguaje de los individuos, probablemente nos ubican en la llanura pampeana, en entre las etapas mucho más sufridas de nuestra personas como lo fue en la segunda mitad del siglo XIX, en el momento en que el cambio de pensamiento popular y económico se sintió de forma fuerte en los ámbitos mucho más pobres de la sociedad; singularmente en el campo.
Sin ingresar en el análisis literario, puesto que no es ese el objeto de estas líneas, de esa Primera Parte observamos que se habitúa a llevar a cabo una lectura superficial y consecuentemente, conseguir un juicio afín, en tanto que el papel es resaltó «combativa» de Martín Fierro; en el momento en que de todos modos es únicamente descriptivo. Hablamos de un gaucho que ha caído en desgracia por abusos de poder, que lo transforman en bandolero. En cualquier caso, lo que forzaba al gaucho a “batallar” eran exactamente las condiciones impuestas por El Poder, representado por el Juzgado de Paz, la milicia como castigo, el poder omnipotente del terrateniente y el estigma de ser gaucho; puesto que su condición de trabajador libre por el momento no encaja en el nuevo molde económico.
José Hernández
José Hernández, el creador de Martín Fierro, de quien hemos escogido estos versos, nació en la vieja hacienda de Pueyrredón el diez de noviembre de 1834.
En verdad, su apellido terminado era Hernández Pueyrredón, en tanto que sus progenitores eran Rafael Hernández y también Isabel Pueyrredón, pero mencionó que Hernández le alcanzaba.