Admitir el llamado al ministerio incluye un deseo candente de estudiar y entender la Palabra de Dios, una pasión por proclamar el evangelio en el mundo entero y un deseo incesante de entender cada vez más sobre Dios. Semejantes puntos prueban peculiaridades del llamado al ministerio.
El llamado es la intención de Dios que tiene para nosotros, en la biblia existen muchos ejemplos que sobre tareas concretas que cumplieron los apóstoles y seguidores de Cristo Jesús, quienes se despedazaron para cumplir las tareas que nuestros Padre les dio.
Por poner un ejemplo, Pablo de Tarso se dedicaba a predicar el evangelio en la iglesia de Corinto, les afirmaba a sus oyentes que él no era apóstol y jamás había visto a Jesús, pero su función era hablarles del Palabra del Señor (1 Corintios 9).
I. Reflexión sobre el llamado de Dios a mi vida
En nuestra reflexión sobre el llamado de Dios a nuestra vida, quisiese invitarlos a leer juntos un pasaje bíblico concreto que nos charla del llamado de Dios para trabajar en la construcción del tabernáculo.
Este pasaje es Éxodo 36:2, que afirma:
¿De qué forma conoces tu ministerio según la Palabra de Dios?
En el momento en que le preguntaron a Juan Bautista: «¿Quién eres?…» (Juan 1,23).
Es persistente:
El llamado de Dios al hombre es estable pues no cambia de opinión. Una cita bíblica sobre el servicio en este contexto está en Romanos 11:29, donde afirma que los dones y el llamado de Dios son irrevocables.
Dios siempre y en todo momento llama a sus hijos en el instante oportuno según Gálatas 4:4. Un caso de muestra que contamos de lo que nos encontramos diciendo lo podemos encontrar en la crónica de Moisés, por el hecho de que mientras que él tardó 80 años en recibir su llamado, Juan el Bautista lo consiguió antes de nacer. En este punto, es claro que no hay esquemas ni fórmulas precisas, solo la realidad de que Dios es quien llama y lo realiza en el instante oportuno.
Tu llamado es escogido por Dios
El llamado no es algo que tengamos la posibilidad escoger, es Dios quien lo realiza por nosotros. Poseemos el poder de rechazarlo y separarnos de él, pero su llamada es para nuestro bien y el del resto. Es posible que no lo comprendamos en ese instante, pero transcurrido un tiempo nos vamos a dar cuenta de que verdaderamente fue lo destacado. Dios elige nuestro llamado, pero nos ofrece libre poder para seleccionar si lo admitimos o no.
La charla entre 2 personas que se chillan a cuadras de distancia no se escucha ni se comprende tan bien como la que sucede en el momento en que la gente están frente a frente. Este caso de ejemplo asimismo se aplica a la vida cristiana. No tenemos la posibilidad de decir que conocemos a Jesús si solo oramos en el momento en que recordamos y leemos nuestra Biblia todos todos los domingos. Desarrollar una relación personal con Dios supone hacerla medrar día a día, minuto a minuto, y poseerlo que se encuentra en nuestra vida diaria. La Biblia afirma que solo tenemos la posibilidad de percibir el llamado de Dios en el momento en que lo conocemos (Juan diez: 27-29) y si pensamos que ahora recibimos uno de Él, eso debería aproximarnos aún mucho más a Él. No hay mejor forma de corroborar tu intención que la oración y la lectura de la Biblia.